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Sobre cambio de gabinete

El presidente Pedro Castillo cedió a las presiones de la derecha y cambió el gabinete ministerial. No es un cambio solo de personas, está claro que es la puerta al abandono de sus compromisos electorales, aquellos que le dieron los votos, nuestros votos, para llegar a Palacio de Gobierno. Los saludos de esa derecha lo hacen evidente.


Votamos por Pedro Castillo, le dimos nuestro voto de confianza, porque su discurso se acercaba a nuestras exigencias de ejercicio de derechos, de cuestionamiento profundo contra el sistema explotador y destructor de vidas. Le dimos nuestros votos a pesar de nuestras diferencias, de sus concesiones al machismo estructural, por ejemplo.


Pero desde el principio advertimos que eso no era un cheque en blanco, que estaríamos vigilantes de cada una de sus acciones. Le dijimos que, ante un escenario adverso y una derecha violenta, le era indispensable contar con una base social de respaldo.

Pero el presidente Castillo ha elegido entre las presiones de la derecha y las esperanzas del pueblo. No estamos aquí defendiendo al señor Bellido o a los otros ex ministros, exigimos consecuencia e integridad. Porque la experiencia nos ha enseñado que cuando la derecha te felicita es porque ya se ha consumado la traición a los pueblos.


Y aunque se diga que este cambio de actitud se hace en nombre de la gobernabilidad, lo cierto es que se hace para mantenerse en el gobierno, aunque renuncie a llegar al poder. Un poder que solo se gana con legitimidad, con el respaldo de los movimientos sociales. Un respaldo que va perdiendo por insistir en el extractivismo, mientras se llena la boca de saludos a los pueblos indígenas. No nos utilice, señor presidente, usted no nos engaña.


La historia del Perú, lamentablemente, está llena de felipillos. Está llena de políticos que cambiaron de discurso solo para ganar las elecciones, como Humala que pasó de la “gran transformación” a la “hoja de ruta”. Que abandonaron a sus aliados. Usted dijo que no lo haría. Y ya ve, es usted una nueva decepción. Otra más.


No sea iluso, señor presidente, la derecha también lo estará vigilando. Y aunque siga cediendo a sus presiones, jamás lo aceptará, nunca aceptará a un profesor rural, a un campesino. El racismo y el clasismo no desaparecen por arte de magia.


Tampoco las desigualdades estructurales. Usted tuvo la oportunidad de cambiar todo esto, pero prefirió ceder. Y ahora deberá enfrentar la decepción de un pueblo que se siente traicionado.


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