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Siete años de lucha contra las violencias hacia las mujeres indígenas

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“Las probabilidades de que las mujeres indígenas sean violadas son significativamente mayores que en el caso de las mujeres no indígenas”, dice el informe. Por si fuera poco, las mujeres indígenas tenemos los más altos índices de pobreza, la peor atención en salud y educación, y mayor inequidad en el acceso al empleo y remuneraciones. Además, la tasa de mortalidad materna en los pueblos indígenas es desproporcionalmente elevada, por lo que es urgente implementar políticas de salud con enfoque intercultural que realmente respeten los derechos a la libre determinación y autonomía. La discriminación y el racismo son formas de violencia: las mujeres indígenas sufrimos la estigmatización de los medios de comunicación masivos cuando nos muestran como sucias, tontas, ignorantes y, en el caso particular de las amazónicas, como mujeres-objeto hipersexualizadas. A su vez, la incursión en nuestras comunidades de los megaproyectos de infraestructura y de actividades extractivas traen consigo formas de violencia contra nuestros pueblos, cuyos impactos son más duros para las mujeres y los niños.  Las actividades extractivas, al afectar nuestro territorio, no sólo modifican nuestras actividades productivas, sino que muchas veces nos obligan a las mujeres y niñas a someternos a sistemas de exclavitud moderna, como la prostitución o los trabajos forzados, para garantizar nuestra supervivencia. Por ello, las mujeres organizadas en la Onamiap nos comprometemos, en este nuevo año de trabajo, a seguir defendiendo nuestros derechos como mujeres y como pueblos indígenas. En este sentido, trabajaremos sobre todo en nuestra demanda por la creación de la Defensoría de la Mujer Indígena, un organismo que pueda atender nuestras demandas desde un enfoque intercultural y de género. A su vez, seguiremos insistiendo en la modificación la Resolución de la Sunarp 343 (directiva número 10, acápite 5.6) para que se incorpore la cuota de género en la conformación de las Directivas Comunales, lo que permitirá que las mujeres indígenas tengamos voz y voto sobre los diversos proyectos económicos o de infraestructura que se quieran implementar en nuestros territorios, entre otras cosas. Ratificamos así nuestro compromiso por la defensa de nuestros derechos y nuestros territorios como mujeres y pueblos indígenas, nos pronunciamos en contra de todas las actividades extractivas que vulneran nuestras vidas y la de la madre tierra, y nos reafirmamos en la lucha por la preservación de nuestras culturas y sabidurías ancestrales.

¡Mujeres Indígenas, unidas y organizadas por nuestros derechos y los de la madre tierra, frente a todas las violencias!

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