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Mujeres indígenas y conocimientos ancestrales

Nuestros territorios son fuentes de vida, la casa grande donde ejercemos nuestros derechos. Son nuestra historia y nuestro futuro. Y una fuente inagotable de saberes y prácticas ancestrales. De esa ciencia y esa tecnología que heredamos de nuestros antepasados y que las mujeres indígenas, día a día, conservamos, enriquecemos y transmitimos.


Conservarlos, enriquecerlos y transmitirlos es una forma de mantener fuerte nuestra identidad cultural, así como también de resistir a las presiones de un sistema que constantemente busca asimilarnos en nombre de un modelo de desarrollo que no es el nuestro. Que destruye a la naturaleza y vulnera nuestros derechos.


Nuestros saberes ancestrales son indispensables para mantener nuestra seguridad alimentaria. Las mujeres indígenas sabemos qué tomar de nuestros bosques para mantenerlos; cuándo, cómo, dónde y qué pescar, cazar, sembrar y cosechar. Ellos nos permiten también enfrentar la crisis climática que altera los ciclos de las estaciones y agota nuestras fuentes de agua.

La pandemia de Covid-19 lo demostró. Sin acceso a servicios de salud, recurrimos a nuestra ciencia ancestral para protegernos con nuestras plantas medicinales. Nos hizo reflexionar acerca de la urgencia de recuperarlas y conservarlas. Como también de volver a nuestros alimentos tradicionales y cuidar de nuestras fuentes de agua.


Las mujeres indígenas cumplimos un rol fundamental en la conservación y transmisión de estos saberes, esenciales también para la defensa de nuestros territorios ante la invasión de la tala legal o ilegal y de los monocultivos. Porque esos conocimientos y esas prácticas incluyen la forma de organizarnos, de trabajar, de tomar decisiones.


Hoy es más urgente que nunca revalorar nuestros saberes ancestrales. De convencer a nuestras niñas y jóvenes que perderlos significaría la pérdida de nuestra supervivencia y de nuestra identidad cultural. Que debemos sentirnos orgullosas de ser mujeres indígenas. Para que, cuando nos relacionemos con el resto del mundo, sepamos exigir respeto y diálogo horizontal.


Es indispensable también proteger nuestra ciencia y nuestra tecnología ancestrales de su apropiación para mercantilizarlos. Porque son fuentes de vida y la vida no se puede mercantilizar. No permitamos que los conviertan en propiedad individual porque son de nuestros ancestros y ancestras, son nuestros y de las futuras generaciones. Son colectivos.

Debemos además exigir que, con pleno respeto a nuestros derechos a la autonomía y a la libre determinación, las políticas estatales frente al cambio climático reconozcan de manera efectiva nuestras prácticas y saberes ancestrales. Porque de ello depende no solo nuestra propia sobrevivencia sino la de toda la humanidad.


Tenemos muchas razones para sentirnos orgullosas de nuestra identidad cultural, de ser mujeres indígenas. Nuestros roles deben ser reconocidos y respetados, garantizando nuestra plena y efectiva participación en la toma de decisiones, dentro y fuera de nuestras comunidades y organizaciones. En todo momento y lugar.


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