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Cinco siglos de resistencia contra todos los despojos

Las naciones y las mujeres indígenas resistimos desde hace cinco siglos políticas sistemáticas de exterminio físico y cultural. Resistimos desde la memoria de nuestras ancestras, desde nuestros territorios, desde nuestras identidades culturales. Frente a un colonialismo que se prolonga y se fortalece, expresándose en múltiples violencias que se entrecruzan.


Hace 490 años, un 12 de octubre de 1492, los españoles llegaron al continente hoy llamado América, para imponernos un dios, una religión, un idioma. Todo ello para instaurar un modelo económico extractivista que destruye la Madre Naturaleza y vulnera nuestros derechos humanos individuales y colectivos. Que privilegia la acumulación de capitales sobre las vidas.


Este sistema no cambió con la independencia criolla de la corona española. Se mantiene, se renueva, se profundiza. La globalización neoliberal iniciada hace tres décadas no es otra cosa que la nueva “Doctrina del Descubrimiento”. El neoliberalismo se impuso en el Perú por la dictadura de Alberto Fujimori y su Constitución Política. Y nos sigue despojando de todo: de nuestros territorios y bienes naturales, que son la fuente de nuestra identidad cultural y de nuestros derechos.

Los españoles nos llamaron indios, los criollos indígenas. Luego, a partir de la Reforma Agraria decretada por el gobierno de Juan Velasco Alvarado, nos cambiaron otra vez de nombre: en los Andes y la costa nos llaman comunidades campesinas, en la Amazonía comunidades nativas. Y es que el término “indígena” tuvo y tiene una muy fuerte carga peyorativa. El racismo, en uno de los países con mayor diversidad cultural y biológica del mundo, no solo persiste, sino que se evidencia y arremete hoy con más fuerza.


No se trata solo de un cambio de nombre: se trata de arrebatarnos nuestra identidad cultural para despojarnos de derechos y debilitar nuestras luchas. Las mujeres indígenas enfrentamos estas violencias desde hace siglos. Y es que la discriminación racial, de género y de clase tiene raíces históricas muy profundas. Su origen está en la invasión europea a América y África, que iniciaron el saqueo, la esclavitud, el genocidio. El concepto de “razas superiores e inferiores” se inventó precisamente para justificar esa invasión. Un sistema que necesita del machismo y el racismo para mantener y profundizar su dominación de clase. Un sistema que se mantiene y se renueva hasta hoy, cuando el nuevo rey y el nuevo dios es el capital.


Porque la República y su Estado, instaurados hace 200 años en el Perú siguieron y siguen siendo coloniales. El colonialismo no terminó con la independencia. Las políticas de exterminio físico y cultural continúan, expresadas en la vulneración sistemática de los derechos de las naciones y las mujeres indígenas.


Pero resistimos, seguimos resistiendo y alzando nuestras voces. Recogiendo el legado histórico de lucha de nuestros ancestros y ancestras que se rebelaron contra la Colonia. La mayor rebelión fue la de Túpac Amaru II, con Micaela Bastidas, una mujer indígena como estratega política y militar, rebelión en la que unimos fuerzas indígenas y afrodescendientes. Fuimos derrotados, pero no vencidos. La resistencia y la lucha continúan. Para desterrar la colonialidad, para que se respeten todas las vidas y todas las identidades culturales, la Madre Naturaleza, los derechos individuales y colectivos. Sin culturas hegemónicas. Con armonía y paz. Para construir el Buen Vivir, la Vida Plena.

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